¡Tu tiempo es tan valioso como el mío!

Posted on 26/04/2010

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¿Somos conscientes cuando llegamos tarde a una cita de que estamos cometiendo una grave falta de educación?

Una de las reglas de urbanidad que todos deberíamos de cumplir en todo momento debería de ser la PUNTUALIDAD.  Debemos ser siempre considerados con el tiempo del resto de las personas que nos están esperando.

Toda actividad bien organizada está regida  por un horario y la impuntualidad de los asistentes, pueden tirar por tierra el trabajo de uno, que a su vez hace que un tercero se retrase y así comienza una larga cadena de inconvenientes ocasionada por la irresponsabilidad y desconsideración hacia los demás.

Tanto cuando somos nosotros los que citamos o  invitamos a alguien, como cuando somos nosotros los citados o invitados, la puntualidad debe de ser siempre precisa. Si  somos nosotros los que citamos o  invitamos y por alguna razón muy poderosa y nada banal, tenemos que hacer esperar a alguien, lo correcto es cuanto antes y siempre a ser posible antes del inicio de la reunión,  darle a conocer nuestros motivos de demora. Por ejemplo, si hemos convocado a una persona para una reunión en nuestras oficinas y por algún imprevisto o inconveniente tenemos que hacerle esperar, lo mas correcto es enviar al lugar de la cita a una persona de nuestro equipo para explicarle los motivos de nuestra demora y deberá de quedarse con él, nunca dejarle solo, hasta que podamos atenderle.

También es muy importante saber que llegar a las citas antes de la hora programada, también es incorrecto. ¡Hay que ser puntual pero no pasarse! Por muy organizado que sea el anfitrión o su equipo, en la preparación de un acto, siempre hay cosas que perfilar al final y si llegamos temprano podemos encontrarnos que aun no está todo listo. Por ejemplo, si nos citan en casa de unos amigos a cenar a las 21:30, aunque tengamos mucha confianza con los anfitriones no debemos llegar antes de la hora a la cita, porque nos podemos encontrar a los anfitriones que están arreglándose, o terminando de preparar la cena… y nuestros anfitriones no van a poder atendernos como nos merecemos y de esta forma, aún pensando que lo hacemos muy bien por llegar antes de la hora prevista, creamos una situación incómoda para los anfitriones. Lo mismo sucede si la cita es a una reunión de trabajo y nos adelantamos al horario previsto.

La impuntualidad rara vez tiene excusas válidas, pero en el caso que sea inevitable el retraso, deberemos de tratar, si es posible, de  comunicarlo antes de la cita y buscar una disculpa sincera y convencida que será bien recibida.

Por lo mismo, no nos debe parecer mal, ni considerarlo una excentricidad, como algunos piensan, el que los citados, a los que les estamos haciendo esperar, pasado un tiempo normal de cortesía, se levanten y den aviso de que se marchan y que esperan ser citados en otra ocasión.

Blanca Otamendi Ozores

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Posted in: Protocolo Social