CRÓNICA

Posted on 05/04/2010

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Un año más,  hemos disfrutado mi marido y yo  esta Semana Santa junto a mi familia en Marbella. Una cita que nunca falta en estos días es la reunión en casa de S. O. amigo íntimo de la familia y un reconocido arquitecto en esta ciudad.

Nos encantan las veladas en su casa, porque es un perfecto anfitrión, que cuida cada uno de los detalles, haciéndonos sentir como en nuestra propia casa en cada una de sus amenísimas reuniones.

Aprovecho esta crónica real, para explicaros cuales son las principales reglas que todos debemos conocer para que una velada en nuestra casa siempre resulte perfecta.

La cena tuvo lugar el pasado viernes, dos de abril, a las nueve y media de la noche en su casa, con el simple motivo de invitarnos a toda la familia a cenar, charlar y pasar unas horas todos juntos, aprovechando nuestra estancia en Marbella.

Llegamos puntuales a la cita y a las nueve y media en punto estábamos tocando el timbre de la casa. El anfitrión salió a recibirnos a la puerta y nos acompañó hasta la biblioteca de la casa, dispuesta para tomar el aperitivo que había preparado antes de la cena. Mientras nos acomodamos en los sillones y butacas que había colocadas en esta estancia, aprovechó para ausentarse unos minutos a la cocina con el fin de  preparar la bandeja con los distintos platos que compondrían el variado aperitivo compuesto por  tacos de queso roquefort con aceitunas, tostas variadas, todo ello acompañado por unas copas de vino tinto y refrescos.

En torno a las diez y cuarto de la noche pasamos al comedor,  para dar comienzo a la cena,  donde estaba la mesa preparada con sumo detalle. Mantel beige con servilletas a juego, vajilla inglesa antigua – comprada en Portugal –  azul turquesa con flores, heredada de casa de sus padres, cubertería de plata, copas de agua y copas balón para el vino y platitos para el pan de plata.

El anfitrión nos colocó a los 5 invitados, sentándonos a  su derecha y a su izquierda a las dos señoras asistentes a la cena, mi madre y yo respectivamente. Frente a él, coloco a mi padre, dejando a la derecha de mi madre a mi marido y a mi izquierda a mi hermano.

En el centro de la mesa no coloco ningún motivo de decoración, dejando este especio para colocar la fuente de plata en la que iría servido el plato principal de la cena: Bacalhau dourado 

 

El vino elegidos para acompañar  este plato fue un vino tinto “Vizconde de Ayala”, reserva especial, exquisito y  que a todos nos encantó.

Para el postre, preparó en unas copas de cristal un sorbete de limón con Cava, exquisito.

Tras una cena que no puedo más que calificar de exquisita, pasamos de nuevo a la biblioteca para seguir con una sobremesa siempre amena y divertida. En este momento, el dueño de la casa nos ofreció los bombones que le habíamos traído como regalo para degustarlos entre todos.

Hacia las doce de la noche la velada llegó a su fin. El anfitrión nos acompañó a la puerta principal de la casa para despedirse de nosotros y haciéndonos participes de una nueva invitación a su casa en nuestra próxima visita a esta ciudad.

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