CRÓNICA

Posted on 09/03/2010

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El sábado 6 de marzo me invitaron, junto a un grupo de amigos, a disfrutar de un almuerzo en casa de un buen amigo.

Quiero compartir con vosotros los detalles de organización de este almuerzo, perfectamente organizado y que resultó fantástico desde todos los puntos de vista, ambiente, compañía, amenidad,  menú …

La cita era a las dos de la tarde y la mayoría de los invitados fuimos  puntuales. Al llegar, nuestros amigos, los dueños de la casa nos recibieron en la puerta y nos acompañaron hasta el salón , donde nos cogieron los abrigos y los llevaron  a uno de los cuartos de la casa.

Como buenos anfitriones, al ser la primera vez que íbamos a su casa, nos preguntaron si queríamos conocerla  y ante nuestra respuesta afirmativa, hicimos con ellos un recorrido por la misma, enseñándonos cada una de sus estancias.

Mientras esperábamos la llegada de todos los invitados,  nos ofrecieron un ligero aperitivo compuesto por aceitunas, patatas y  frutos secos, acompañado por unas copas de vino, cerveza o  refrescos.

En torno a las tres de la tarde, pasamos al comedor, para dar comienzo al  almuerzo, en el que habían montado una mesa ovalada para los 11 comensales. En contra a una de las principales reglas protocolarias en cuanto a la colocación de los comensales, la “ley del descanso matrimonial”, todas las parejas se sentaron juntas (marido y mujer, uno junto al otro).

 

 Los elementos de la mesa estaban perfectamente dispuestos. El mantel, las servilletas, la vajilla, la cristalería, la cubertería, los platillos del pan, todo estaba en su sitio y primorosamente colocado. En la foto que os adjunto, se puede ver y apreciar  perfectamente como ha de colocarse el diseño básico de un servicio personal de mesa.

 La decoración floral  central de la mesa gustó mucho a todos los invitados. Se trataba de centro otoñal de calabazas pequeñas con hojas otoñales.

 

El menú  preparado estaba compuesto por:

– Ensalada de tomate, atún y cebolla.

– Judiones de La Granja.

– Fresas, ponche segoviano, pastelitos y bombones variados.

 Los vinos elegidos para acompañar estos platos fueron, un tinto Rioja Heredad de Ugarte reserva 2005 y un  blanco Albariño Lagar de Bouza.

 Tras los postres, pasamos de nuevo al salón para tomar el café, licores y copas.

 Hacia las siete de la tarde y tras una sobremesa realmente deliciosa, la velada llegó a su fin. Los anfitriones nos despidieron en la puerta.

Animaros, como yo en este caso, a hacer vuestras crónicas de aquellos eventos a los que hayáis asistido como invitados, o aquellos otros en los que actuéis como anfitriones. Con vuestros ejemplos iremos aprendiendo las principales normas relacionadas con el Protocolo en la mesa.

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